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Caída de las bolsas en China ¿buena o mala noticia para Latam?


Una vez más, China arrastra a los mercados internacionales a un estado de zozobra y preocupación. Al día de hoy, 7 de enero, se han suspendido operaciones en las principales bolsas del país asiático, después de una caída del 7%, la segunda ocasión de tal magnitud en lo que va del año; la primera fue el 4 de enero.

¿Qué implicará la caída de las bolsas chinas para Latinoamérica?

Mientras que en 2010 las bolsas latinoamericanas representaban el 5% del volumen negociado en las bolsas del mundo, al cierre del 2015 representan el 2.1%; para la mayor parte de los países de la región la situación ha ido empeorando cada año.

¿A qué se debe tal decrecimiento? Como en todos los fenómenos económicos, hay variedad de causas, pero una destaca indiscutiblemente: la migración de capitales hacia Asia, en particular, China.

Como muestra, el caso de Oppenheimer Developing Markets Fund, el cual maneja 34.000 millones de dólares, y que ha reducido su exposición en Latinoamérica de un 28% de su portafolio en 2010, a un 17% al cierre de 2015. En contraste, su inversión en Asia se ha incrementado de un 31% en 2010, al 38% actualmente.

Con tales antecedentes, ¿Podría una caída de las principales bolsas de Asia ser una buena noticia para la región? ¿Podría darse un fenómeno de migración de capitales de vuelta? La respuesta no es sencilla.

Por una parte la caída de las bolsas chinas refleja la debilidad de su sistema financiero y el difícil equilibrio entre libre mercado y control, ejercidos por el gobierno. Aún más, la debilidad de sus mercados es también un reflejo de la clara desaceleración de su economía, la cual no es estacional, sino estructural. El nuevo “normal” de China será 6%-7%, en vez del 10% al que el mundo estuvo acostumbrado por más de una década.

En la medida que dicho ajuste estructural continúe, el capital internacional podría buscar otras opciones de portafolio.

Sin embargo, precisamente varias de las economías y bolsas latinoamericanas siguen en su crecimiento al motor económico chino; aquellas que como Brasil o los países andinos dependen fuertemente de las commodities que la región asiática ha requerido en los últimos años.

Con base en lo anterior, México podría verse tanto más favorecido por flujos de capital, como menos perjudicado por la desaceleración del gigante, al no depender de él para sus exportaciones. En todo caso, el resultado final no es aún del todo claro.

Elaborado por Gerardo Herrera, Director de Comunicación de Riskmathics FI


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